Cortar: la carne en trozos pequeños y freír en una cazuela, a poder ser de barro, con aceite de oliva.
Añadir: la cebolla rallada. Cuando empiece a tomar color, añadir el tomate rallado.
Añadir: los fideos cuando el sofrito esté hecho, mezclar y espolvorear con pimentón dulce.
Añadir: 2 cucharones de caldo o agua caliente por cada 100 g de fideos, mezclar.
Dejar: cocer a fuego medio-fuerte el tiempo que marca el fabricante, vigilando no quedarnos sin agua.
Añadir: la butifarra negra cortada a trozos de 2 dedos de grosor unos 5 minutos antes de finalizar la cocción.
Probar: el punto de sal y de cocción, tener en cuenta que la cazuela de barro conserva muy bien el calor residual. Debe quedarnos seco.
Servir: recién hecho.
Este plato es muy típico de la cocina catalana, pero no suele ofrecerse en las mesas de los restaurantes. Mi madre lo preparaba en casa a menudo y a todos nos parecía exquisito. Es un guiso contundente en el que los fideos adquieren un gusto muy particular.
Si los cocemos en una cazuela de barro, debemos tener en cuenta, al calcular los tiempos de cocción, que el barro conserva la temperatura mucho más tiempo que otros materiales.
Hacia el final de la cocción, hay quien le añade al guiso una picada, recurso culinario típico de la cocina catalana que consiste en machacar, en un mortero, almendras, pan seco, perejil y ajo. Aunque yo no soy muy partidaria de la picada, reconozco que aporta sabor al guiso, si bien no a todos los estómagos les sienta bien.
Una ensalada será el acompañamiento ideal, pues el plato nos aporta hidratos de carbono con la pasta y proteínas con la carne.