Preparar la carne: realizar pequeños cortes en los bordes de cada trozo de ossobuco para evitar que se deformen durante la cocción.
Salpimentar y enharinar: salpimentar la carne por ambos lados y enharinar ligeramente. Sacudir el exceso de harina.
Dorar la carne: calentar 2 cucharadas de aceite en la olla a presión. Dorar los trozos de ossobuco por ambos lados hasta que estén bien sellados. Retirar y reservar.
Sofrito: cortar en brunoise fina la cebolla, la zanahoria y el apio. Añadir a la olla y sofreír a fuego suave hasta que las verduras estén doradas.
Ajo y vino: incorporar el diente de ajo picado o entero (según preferencia). Dorar 1–2 minutos. Añadir el vino blanco y dejar que se evapore el alcohol.
Tomates: pelar los tomates, retirar las semillas y cortarlos en brunoise pequeña. Añadirlos a la olla.
Unir ingredientes: volver a introducir la carne en la olla, mezclar con las verduras y el tomate. Añadir el caldo justo hasta cubrir la carne y agregar la hoja de laurel.
Cocción: tapar la olla. Cocer a fuego bajo durante 35 minutos, contando a partir del momento en que la válvula comience a sonar.
Finalizar: apagar el fuego y dejar que el vapor se libere de forma natural antes de abrir la olla.
Emplatado: servir caliente, espolvoreando con una mezcla de ralladura de limón y perejil fresco picado.
Acompañamiento sugerido: ideal con un puré de patatas casero o el clásico risotto alla milanese. (ver receta)
Realizar pequeños cortes en la parte externa de cada trozo de ossobuco ayuda a que la carne se cocine de manera uniforme y no se deforme durante la cocción.
El tuétano presente en este corte es rico en nutrientes, pero también es calórico y contiene grasas saturadas. Aunque es delicioso y aporta mucho sabor al guiso, conviene disfrutarlo con moderación, especialmente si se sigue una dieta controlada en grasas.
Para preparar un ossobuco alla milanese auténtico y lleno de sabor, es fundamental utilizar carne de calidad. Lo ideal es optar por ossobuco de añojo (bovino de entre 12 y 24 meses), procedente de fuentes confiables como carnicerías locales o proveedores certificados.
La carne de añojo es tierna, sabrosa y con un equilibrio perfecto entre colágeno y grasa, lo que garantiza una textura jugosa y una cocción homogénea en este tipo de estofados.
Un plato clásico que nunca falla en casa cuando llega el frío.