1. Cortar el calabacín: cortar el calabacín a brunoise pequeña y dorar en una sartén con 1 cucharada de aceite y el diente de ajo.
2. Triturar los ingredientes: triturar el calabacín, las almendras, los pistachos, el ajo, el calabacín, y parte del queso en el minipimer.
3. Añadir el aceite: añadir poco a poco el aceite hasta obtener una consistencia cremosa, típica del pesto.
4. Comprobar la sal: comprobar el punto de sal.
5. Hervir la pasta: hervir la pasta al dente.
6. Mezclar con el pesto: verter la pasta en una sartén junto al pesto y añadir unas cucharadas del agua de cocción.
7. Cocinar: mezclar bien y cocer un par de minutos para que se impregnen bien los sabores y la pasta quede cremosa.
8. Añadir el queso: espolvorear con queso rallado al gusto.
9. Servir:ervir inmediatamente.
El pesto de calabacín es una receta fácil y rápida de preparar. Además de servir para acompañar un plato de pasta, también es ideal para ñoquis de patata o como antipasto, encima de una tostada de pan. Su sabor es muy delicado y combina a la perfección con la pasta. En esta ocasión usé pasta fresca, en concreto Fusilli Avellinesi, que presentan una excelente adherencia al pesto. Si podéis, acercaos a una tienda de productos italianos y dejaos aconsejar sobre el tipo de pasta más adecuado para la receta que vais a elaborar. Será un acierto seguro.
El calabacín es bajo en calorías y una buena fuente de fibra y vitaminas. Las almendras y pistachos aportan grasas saludables, vitaminas y minerales. El queso Parmigiano proporciona proteínas y calcio.