Triturar: el mango con el minipimer y pasar por un colador chino.
Colocar: la nata, el azúcar y las yemas de huevo en un cazo y cocer a fuego lento durante 10 minutos, mezclando hasta que espese.
Dejar: enfriar.
Añadir: la pulpa del mango y mezclar bien.
Colocar: la preparación en un recipiente metálico y dejar 1 hora en el congelador.
Retirar: el helado del congelador y batir hasta que quede blando. Colocar de nuevo en el congelador durante 30 minutos.
Batir: nuevamente y dejar en el congelador hasta que tenga consistencia de helado.
Retirar: del congelador en el momento de servir.
El helado de mango es un postre fino y poco común, ideal para sorprender a nuestros invitados con un sabor exótico y refrescante. Su textura cremosa y el dulzor natural de la fruta lo convierten en una opción elegante y original.
Podemos servirlo con un coulis de frambuesa (ver receta), que aportará un contraste ácido muy acertado, realzando el sabor del mango. Para un toque aún más especial, lo podemos acompañar con un bizcocho de chocolate amargo, cuya intensidad equilibra la frescura del helado. Es un postre que resulta saciante, por lo que una porción pequeña suele ser suficiente por comensal.
La cantidad de azúcar puede variarse según el dulzor natural de los mangos. La receta que te propongo está pensada para mangos bien maduros y dulces.
La temporada del mango en España va desde finales de agosto hasta noviembre, aunque se puede encontrar mango durante todo el año, en esa época es más fácil conseguir ejemplares jugosos y aromáticos.
Si solo usamos las yemas para esta receta, podemos aprovechar las claras para preparar un bizcocho blanco (ver receta)