Limpiar: los mejillones y cocer al vapor.
Retirar: los mejillones de la olla. Conservar el agua que han soltado y dejar enfriar.
Cortar: la cebolla en juliana fina.
Añadir: la cebolla a una sartén con un poco de aceite y freír hasta que tome color.
Pelar: los tomates, retirar las pepitas y cortar en juliana.
Añadir: los tomates a la sartén y freír.
Añadir: el diente de ajo chafado y dejar que la salsa se cueza.
Espolvorear: con pimentón dulce y picante, mezclar y apagar el fuego.
Pasar: la salsa por el minipimer, añadir perejil y una parte del agua de cocción de los mejillones.
Rectificar: de sal y ajustar el picante con más pimentón si es necesario.
Retirar: una de las valvas de los mejillones, eliminando también las barbas si se desea.
Colocar: la otra valva con el mejillón sobre una fuente de servir.
Rellenar: las valvas con la salsa, cubriendo los mejillones.
Guardar: en la nevera hasta el momento de servir.
Estos mejillones son ideales como aperitivo, especialmente recomendables con la llegada del buen tiempo. Deben quedar un poco picantes, pero sin que ello solape el sabor natural del mejillón. No conviene que sean demasiado grandes, ya que de lo contrario no resultan tan apetitosos.
Podemos acortar el tiempo de elaboración rallando la cebolla y el tomate en lugar de cortarlos en juliana, aunque el resultado final, tras pasar la salsa por el minipimer, no será el mismo. Recomiendo eliminar las barbas del interior de los mejillones después de cocinarlos, no solo por la presentación y la textura, sino también para evitar posibles atragantamientos y sus consecuencias.
Los mejillones son ricos en proteínas, yodo, vitamina B12 y bajos en grasa.