Para la pasta:
Preparar los ingredientes para el pesto: colocar en la batidora los pistachos, los tomates, el ajo y la albahaca.
Triturar el pesto: triturar todos los ingredientes añadiendo el aceite poco a poco, hasta obtener un pesto cremoso.
Cocer la pasta: poner a hervir los linguine en abundante agua salada y caliente.
Cocinar el salmón: cortar el salmón en cubos, salpimentar y dorar a fuego vivo en una sartén. Reservar.
Escurrir la pasta: retirar la pasta cuando esté al dente y colocarla en una sartén.
Añadir el pesto: añadir el pesto y un poco del agua de cocción.
Mezclar: mezclar a fuego bajo hasta obtener una textura cremosa y los ingredientes bien impregnados.
Incorporar el salmón: añadir el salmón a la pasta.
Servir: retirar del fuego y servir inmediatamente.
Si no encuentras linguine, una pasta alargada plana, puedes utilizar tallarines o espaguetis. Es importante no sobrecocer demasiado el salmón para mantener su sabor y textura jugosa. Si quieres reducir la cantidad de aceite en el pesto, puedes usar un poco de agua de la cocción de la pasta. Los tomates secos añaden una acidez y un sabor concentrado que complementa perfectamente la suavidad del salmón y el frescor de la albahaca.
Añadir un poco del agua de cocción de la pasta al mezclar con el pesto ayuda a emulsionar la salsa, logrando una textura cremosa que recubre bien los linguine. Este plato es rico en proteínas provenientes del salmón y en grasas saludables gracias a los pistachos y el aceite de oliva. La albahaca y los tomates secos aportan vitaminas y antioxidantes.